

Se trata de una enfermedad parasitaria transmitida por un mosquito denominado flebótomo. El principal agente causal es Leishmania infantum, aunque existen otras especies que pueden infectar a perros y gatos. La principal forma de transmisión es a través de la picadura de un mosquito (vector), aunque otras formas no vectoriales como la vertical, venérea y por transfusiones sanguíneas están descritas.
Los signos clínicos generales que puede producir son: linfadenomegalia generalizada (aumento del tamaño de linfonodos), pérdida de peso, pérdida de apetito, letargia, fiebre, vómitos, diarreas, polidipsia (incremento de la ingesta de agua) y poliuria (incremento de la cantidad de orina).
A nivel cutáneo, pueden producir dermatitis exfoliativa aprurítica con o sin alopecia, dermatitis erosiva-ulcerativa, nodular, papular, pustular y onicogriposis (aumento del crecimiento de las uñas).
A nivel ocular, produce blefaritis, queratoconjuntivitis seca y alteraciones en la úvea.
Otro tipo de alteraciones que se pueden observar son lesiones mucocutáneas y ulcerativas o nodulares, sangrado nasal, cojeras, miositis masticatoria, trastornos vasculares y neurológicos.
El diagnostico se basa en los signos clínicos compatibles con la enfermedad además de la confirmación mediante técnicas serológicas (medición de anticuerpos) y moleculares (PCR). Se ha de realizar de forma complementaria a las pruebas básicas (analítica de sangre completa, radiografías de tórax, ecografía de abdomen y análisis de orina), una serología y proteinograma de la enfermedad.
Esta enfermedad posee un tratamiento médico, que dependerá del estadio clínico que posea. Existen distintos estadios que se ordenan en función de la gravedad del cuadro clínico que producen. Los principales medicamentos utilizados en esta patología son:
La mejor forma de actuar contra esta enfermedad es mediante la prevención, principalmente a través de antiparasitarios externos y vacunas.
Por una parte, tenemos la aplicación de insecticidas tópicos por medio de productos spot-on o collares antiparasitarios que posean acción contra los flebótomos. Esto es imprescindible en zonas endémicas.
Por otra esta la vacunación preventiva, la cual no evita la infección, pero reduce el riesgo de desarrollar la infección activa y la enfermedad. La vacunación es considerada opcional.
Además, será necesario efectuar las mismas medidas preventivas en los perros que convivan con animales contagiados de Leishmania.