

La rabia es una enfermedad vírica de extrema gravedad que continúa representando una amenaza significativa para la salud pública a nivel mundial. Causada por un Lyssavirus, este patógeno ataca de forma directa al sistema nervioso central, provocando una encefalitis aguda que, una vez manifestada clínicamente, resulta incurable y casi invariablemente mortal. Su capacidad para afectar tanto a animales como a seres humanos convierte a la rabia en una de las zoonosis más relevantes a escala global, lo que exige la implementación de medidas estrictas de prevención, vigilancia y control.
La vía principal de transmisión del virus de la rabia es la introducción de saliva infectada en los tejidos del organismo, generalmente a través de la mordedura de un animal enfermo. Entre los transmisores más habituales se encuentran los perros y los murciélagos, si bien otros animales pueden igualmente actuar como reservorios.
Aunque es menos frecuente, también es posible la infección mediante arañazos profundos o por el contacto del virus con mucosas intactas, como las de los ojos, la nariz o la boca. La exposición a tejidos nerviosos o glándulas salivales de animales infectados constituye otra vía potencial, aunque mucho más rara. Debido a estas características, la rabia demanda constantes esfuerzos de prevención tanto en animales domésticos como en fauna silvestre.
Los signos clínicos de la rabia son sugestivos, pero rara vez definitivos por sí solos. No obstante, existe un patrón común entre especies, ya que la enfermedad afecta principalmente al sistema nervioso central.
Los animales afectados pueden presentar:
Es típico que un animal normalmente dócil se vuelva repentinamente agresivo o que especies silvestres pierdan el temor natural hacia los seres humanos. También pueden buscar la soledad o mostrar conductas inusuales, como deambular sin propósito o activar comportamientos nocturnos durante el día.
A medida que avanza la enfermedad pueden aparecer:
La evolución suele ser rápida y culmina inexorablemente en la muerte del animal.
El Decreto 89/2025 de la Comunidad de Madrid establece la obligatoriedad de la vacunación anual contra la rabia para todos los perros mayores de tres meses residentes en la región. Además, deben estar vacunados los perros, gatos y hurones que viajen a otros países de la Unión Europea o a terceros países.
Se contempla la exención en aquellos perros para los que la vacunación suponga un riesgo grave, bien por reacciones anafilácticas previas o por enfermedades que contraindiquen la inoculación. Estas exenciones deben:
Es importante recordar que la normativa puede variar entre comunidades, por lo que siempre se debe consultar la regulación vigente en cada territorio.
Para viajar con perros, gatos o hurones al extranjero, la vacunación contra la rabia es obligatoria. Para que la vacuna sea considerada válida deben transcurrir al menos 21 días desde su administración cuando se trate de una primovacunación.
Aunque dentro de la Unión Europea no se requieren pruebas serológicas, sí son necesarias para entrar en España desde países con riesgo de rabia o para viajar a determinados destinos que lo exigen. En el caso de primovacunación, se recomienda esperar un mínimo de 30 días antes de realizar el test serológico, garantizando así que el nivel de anticuerpos generado sea suficiente.